Un docente tiene que tener sueños en su vida para poder conseguir la felicidad a diario y un asesor o asesora tiene que saber susurrar esos sueños para poder hacerlos posibles y compartirlos. Es nuestra máxima preocupación, o la mía, el abordar desde los centros de profesores un asesoramiento eficaz y válido. Se dice que no se puede asesorar al que no quiere; y es verdad. Pero no le hemos dedicado el tiempo suficiente. La gestión burocrática de la formación esta consumiendo la idiosincrasia de esta institución. ¿Alguien puede también susurrarnos a nosotros sueños para compartir?
